militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MUNETA, Jorge Carlos.

26 años. Nacido el 26 de agosto de 1950 en General Roca, provincia de Río Negro. Militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP) y Montoneros, donde tuvo responsabilidad de oficial. Partícipe entusiasta del “Luche y Vuelve” que depositó al General Perón nuevamente de regreso en nuestra Patria. Durante el fugaz gobierno de Héctor J. Cámpora y bajo la égida de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA)  -rectorado del profesor Rodolfo Puiggrós- llega a ser Vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas, donde previamente se había recibido de Contador. Luego el giro a la derecha del tercer gobierno peronista y la creación de la Triple A lo lleva a renunciar a su cargo. Muneta, fue pareja de Susana Jorgelina Ramus, hermana de Gustavo Ramus, un “bronce” de la organización guerrillera peronista. Secuestrado-desaparecido junto a su madre (Cándida García de Muneta), el 11 de enero de 1977; a quien el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) le robó una propiedad, antes de asesinarla. Entre sus secuestradores se contaba el oficial de Marina, teniente de Navío Jorge Carlos Radice. Muneta perdió a su padre –universitario-  desde muy chico debido a una enfermedad terminal de su progenitor; el desenlace trágico ocurrió en Ingeniero Huergo, municipio autónomo, uno de los pueblos más antiguos del valle de Río Negro. Su madre empezó a tejer pulloveres para ganar un peso y Muneta, gracias a sus abuelos paternos –en una buena posición económica- pudo completar el primario y luego estudiar secundario en un colegio internado en el gran Buenos Aires de origen vasco, en la localidad de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. Él era sobrino segundo del cura Juan que enseñaba Geografía, y que sería un referente muy importante en su corta vida. Su gran amigo Eduardo Russo recuerda que ese colegio también fue una acelerada escuela de vida: “Atravesamos nuestra adolescencia aprendiendo a convivir con otros alumnos de casi todas las provincias de nuestro país; por ejemplo allí aprendimos que, habiendo una sóla fuente de alimentos por mesa, sólo si inventábamos algún sistema de distribución equitativa íbamos a lograr comer todos”. Por otro lado, Muneta, siempre se fascinaba cuando escuchaba por la radio al “Peruano parlanchín”, Hugo Guerrero Marthineitz, recitando cuentos o poemas o reflexiones profundas. Era También romántico y enamoradizo También Russo recuerda definiciones filosóficas que rondaban aquellas jóvenes mentes: “A nosotros nos preocupaba algo que insistentemente escuchábamos como que ‘la violencia engendra violencia’. Se nos fue haciendo cada vez más evidente que ‘violencia’ no es lo mismo que ‘agresión’. Que la violencia no tenía que ver sólo, por ejemplo, con el empleo de armamentos u otros medios de coacción; sino que violencia implicaba la ‘anulación del diferente’. En consecuencia, la exclusión, la pobreza, el hambre, los distintos tipos de discriminación, no son más que las múltiples formas que ella puede adquirir”. Quien desee profundizar sobre la vida de este compañero peronista asesinado por la última dictadura cívica-militar que padecimos los argentinos, debería leer en el trabajo producido por Oscar Alfredo Elvira (“Las huellas de la memoria. Ingeniero Huergo y sus centenerario. Una lectura posible”) a través de la semejanza que lleva adelante y explica entre Jorge Muneta y Manuel Dorrego; los orígenes, la vida y el triste final de ambos.