militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MORGANTI, Jorge Oscar.

Extractado del excelente libro “Los fuegos de junio” de Rubén Flores García: “Como primera tarea el Teniente Coronel Cogorno le encargó al Sargento Ayudante Díaz obtener la respuesta de un oficial a quien conocía y sobre todo le resultaba confiable: el Capitán Morganti. Como suboficial no podés pedirle a un capitán que se pliegue a un alzamiento porque no te va a dar bola, pero le vas a llevar esta carta mía, en donde le explico que si está de acuerdo, tendrá que plegarla en triángulo y ponerla en el bolsillo de su chaquetilla. Si no lo hace, quiere decir que está en desacuerdo. De cualquier modo, es un hombre de mi confianza y no nos va a delatar. De regreso a La Plata, Díaz ubicó a Morganti en el cuartel y le entregó la carta del teniente coronel. El capitán Morganti era un hombre delgado, de frente amplia y mentón redondeado. La nariz, ancha hacia las cejas, separaba dos grandes ojos claros, de los que por momentos parecía emanar una mirada glacial. Usaba el típico corte de cabello militar, tusado sobre los temporales, y un bigote castaño finamente recortado sobre el labio. Abrió la carta y la leyó detenidamente. Luego miró al suboficial y con un casi imperceptible gesto de asentimiento la dobló en triángulo y la guardo en el bolsillo izquierdo de su chaquetilla”. Así fue como este oficial del Ejército Argentino y peronista –jefe de la segunda compañía del Regimiento 7 de Infantería de La Plata- se sumó a los revolucionarios que se levantaron en armas contra la dictadura (militar-cívico-eclasiástica) de Aramburu y Rojas, un 9 de junio de 1956. Fue él quien tomó por las armas ese Regimiento aprovechándose del factor sorpresa. Formó a la tropa y los arengó de esto modo: “El Regimiento ha sido tomado por nuestro Movimiento para recuperar la democracia y la libertad que le ha sido arrebatada al pueblo por la fuerza. Nos levantamos para defender a un gobierno que fue elegido por el voto y contra quienes no han respetado la voluntad popular”. A su cargo estuvo el asalto al Departamento Central de policía platense, objetivo que no pudo cumplir con éxito por dos razones. La primera es que creían contar con una ayuda interna de los policías que convertiría la acción en un simple trámite, cosa que no sucedió y atrasó los planes. De todos modos tenían tres tanques Sherman para hacer entrar en razones a los parapetados; y para que se rindieran lanzaron dos bombazos que deberían haber bastado para hacer cesar toda resistencia, pero ocurrió que los tanquistas sabotearon el ataque quitando la espoleta roscada en la punta del proyectil y al faltar el detonador, habían disparado solamente envases de metal capaces de dañar solamente lo que cruzaran en su trayectoria, pero nada más, sin ningún estrago importante disuasorio. Se complicó la cosa y empezaron a caer tropas leales al gobierno de facto. Debieron romper esa “pinza” antes de que se solidificase y quedaran adentro de ella. Ya con todo perdido, Morganti logró llegar a Bolivia y obtener asilo político. Logró asi burlar la pena de muerte que blandía sobre su cabeza.