militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MUÑIZ, Roberto.

Nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires, el 17 de julio de 1923. Una vez terminado el secundario de artes y oficios fue becado por la escuela para trabajar en Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en Comodoro Rivadavia. Luego hizo el servicio militar obligatorio y se instaló en Remedios de Escalada, provincia de Buenos Aires, cerca de la canchita de Talleres de esa localidad, en una casa alquilada. Dirigente sindical peronista en el gremio metalúrgico afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Avellaneda. Matricero. Con la proscripción del peronismo y la perdida de su puesto de trabajo en la fábrica Siam donde además era delegado, emigra a Córdoba. Allí con dos compañeros crea un partido obrero revolucionario (POR)  y adhiere a la IV Internacional  Socialista. Y en 1959 para él, comenzará una historia digna de figurar en el libro de cuentos orientales de “Las mil y una noches…”. Cuatro años antes en 1954, el Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia comienza su lucha de liberación contra la ocupación colonialista francesa. Ahora busca en nuestro país apoyo de partidos políticos y sindicatos para esa causa nacional. Muñiz tiene claro “que los pueblos tienen derecho de vivir de manera independiente”, que no es otra cosa que lo que proclama Perón con su Tercera Posición ante un tercer mundo que comienza a rebelarse. La Guerra de Argelia se sostiene con el inmenso espíritu de sacrifico del pueblo argelino (2 millones de ellos habrán muerto al fin de la contienda) y tiene un déficit notable en la falta de equipamiento bélico. Alguien le propone a este metalúrgico matricero ahondar su compromiso con la causa; necesitan técnicos, gente con oficio, para instalar fábricas clandestinas de armamentos. Muñiz deja su mundo conocido atrás y parte hacia París. Aquí queda su esposa Alfonsa, una obrera textil que era delegada en la fábrica Alpargatas. Aprende el idioma lo más rápido que está a su alcance. Muñiz al poco tiempo ya es Mahmoud. La fábrica de armamentos clandestina se instala en Marruecos. El compañero hace matrices y también enseña. “La revolución argelina no fabricó armas propias. Lo que hacíamos era desmontar el arma que queríamos fabricar y copiar las piezas. Yo hacía las matrices. Llegamos a fabricar 10.000 ametralladoras provistas, cada una, con 10 cargadores, es decir, hicimos 100 mil cargadores”. Cuando triunfó la revolución entró a trabajar en Sonelgas (la empresa nacional de gas argelina) en donde se jubiló luego de 20 años de trabajo. Como buen trabajador de origen peronista, en tanto laboraba, tuvo una actuación reconocida en la UGTA, que era la central obrera argelina. El 15 de noviembre de 1962 se reencuentra con su mujer en el puerto de Argel. En 1964 tuvo un hijo en Argelia al que también le puso de nombre Mahmoud y que ahora vive en Argentina y es ingeniero. Un periodista le preguntó en un reportaje que le hicieron si estaba satisfecho con la vida que había llevado adelante. Muñiz/Mahmoud le dijo: “Le voy a contar algo: la otra vez fui al médico, un hombre joven. Cuando llegó el momento de pagar, me dijo: ‘¿Cómo voy a cobrarle, si por hombres como usted yo he podido ser médico y tener mi consultorio?’ ¿Se lo imagina? Soy un hombre feliz, que tiene una inmensa alegría por haber vivido lo que ha vivido”. Y no olvida: escribe poesía en español, escucha tango y folclore (Astor Piazzolla, Juan D’Arienzo y Mercedes Sosa entre sus favoritos) y hasta se da el lujo de hacerse un asadito en la terraza de su casa de vez en cuando. En noviembre de 2008, venerado por aquellos lares, fue invitado por el gobierno argelino para que se entreviste con la presidenta de su país (Cristina Fernández de Kirchner) de visita y así lo hizo. El aprecio fue mutuo. En abril de 2020 tenía 97 años y seguía gozando de buena salud; participó de un homenaje en memoria del venezolano Hugo Chávez ex presidente de su país y líder bolivariano. En la foto que ilustra esta reseña es el primero de la izquierda.