militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MOLINA, Marcelo.

Primeros días de mayo de 2021. La noticia me golpeó fuerte. Murió de Coronavirus un querido compañero, Marcelo Molina que tanto hizo con sus aportes para que esta página sumara datos de otros miembros del peronismo revolucionario. Me escribió su viuda Mariela Sansoni. “Te escribo porque sabía que Marcelo mantenía con vos, como con otros compañeros, una relación más virtual que presencial desde siempre, relativa a la memoria de aquellos que ya no están. Dicha memoria fue una gran preocupación de Marce a lo largo de toda su vida. Le costaba escribir sobre esto porque la emoción le impedía encontrar el tono, la forma, la mejor manera de decir. Escribió dos novelas, algunos cuentos, un poema hermoso llamado ‘Nosotros’, en obvia referencia a Montoneros y algunas consideraciones como un escrito muy crítico sobre el libro ‘La casa de los conejos”. Al respecto Marcelo fue quien se sumó al grupo a cuyo frente estaba Jorge Reyna y que fueron quienes realmente recuperaron la casa de la calle 30, que ellos llamaban la ‘Casa de la Resistencia’. (Alli estuvo instalada la imprenta clandestina de Montoneros en La Plata hasta que fue destruida a cañonazos y todos sus ocupantes asesinados pero resitiendo hasta el fin). Además Marce se puso en contacto con hijos de Compañeros, que no fueron apropiados, que fueron criados por sus familias pero que por las mismas sevicias de la dictadura, estaban al margen de las historias militantes de sus padres, a veces en el marco de pactos tácitos de silencio de abuelos y sobrevivientes. Tengo hermosas fotos de un encuentro que Marcelo organizó en casa para un día de la primavera con ellos y sus hijos, es decir los nietos de tus y sus compañeros. Podría escribir mil años sobre Marcelo, fueron como te decía 36 años de vida en común. Yo aún estudiaba Historia cuando me fui a vivir con Marcelo en 1986. Vivíamos del aire literalmente. Marcelo, quien también estudiaba Historia, trabajaba en una carpintería donde casi no tenían trabajo más que encolar sillas, y yo era secretaria del estudio de arquitectos que construía el Teatro Argentino de La Plata –parado por ese entonces-. Desde allí construimos una vida juntos y tuvimos dos hijos, que se cuentan como 4 hermanos, con los hijos de Marcelo y Diana su ex mujer. Con respecto a su muerte, lo que pasó con Marcelo fue una fatalidad, nos contagiamos en casa del hijo mayor, su nuera y el amado nieto Oliverio, al aire libre y bajo el mismo tilo donde quedarán definitivamente las cenizas de Marce, cuando pueda juntar a la familia y a los amigos. Por 15 días no llegamos a las vacunas. Gerónimo el mayor, vino a sacarle unas fotos artísticas al padre junto a un busto de Perón,  ni siquiera nos juntamos en reunión familiar. Fue en carnavales. Marcelo cumplió años el 17 de febrero (66) y el día 18 estaba enfermo, el proceso fue complejo y muy lento, estuvo en casa una semana, 5 días en una pieza de hospital y 62 días en terapia. Alguna vez estuvo despierto, yo solía llevarle música nuestra, hablarle y acariciarlo sobre los tubos y catéteres que cubrían su cuerpo. Ese domingo 2 de mayo, fui a verlo al mediodía, me habían citado porque estaba despertando, pero cuando llegué lo habían vuelto a sedar y estaba de nuevo con fiebre. A las 17 horas, desencarnó, como el diría según sus ideas espirituales”. Ahora, tomo  la palabra, yo, Roberto Baschetti. Un día Marcelo me escribió (11-11-2005) porque había recibido en su casa por correo postal una bibliografía muy completa sobre Evita que yo había confeccionado con motivo de los 50 años de su deceso: “Fue emocionante leer ‘Compañero’ antes de mi nombre en un envío postal desde la Biblioteca Nacional. Se de tu fundamental tarea y como historiador conozco tus libros. Fui montonero y lo sigo siendo en mi corazón”. Así fue que comenzamos una amistad para siempre. Y siguió diciéndome en la misma misiva: “Si permanezco con vida es por la dignidad de mis compañeros que en la tortura se callaron la boca. Tengo un compromiso con ellos, por lo tanto, de hacer conocer, de historiar, lo que fuimos y durante todos estos  años busqué a sus hijos para que estos conocieran quienes fueron sus padres (…) Alguna vez nuestra historia se escribirá y quisiera arrimar un granito de arena. Un abrazo y estoy en deuda con vos”. Querido Marcelo, ese libro pendiente lo escribimos y al mismo sumaste tu aporte, no una, sinó dos veces. Primero transcribiendo una carta a tu madre (Susana Argañaraz) donde explicabas sobre tu militancia; y ella no solo entendió sino que se sumó con ganas, a la causa montonera. En segundo lugar cuando con lujo de detalles contaste como la Juventud Peronista de La Plata (entre otras) y Montoneros –con vos presente- coparon y pelearon cara a cara contra la policías y los canas de civil en Plaza de Mayo, en aquel acto y marcha de la Multipartidaria en repudio a la dictadura militar, denominada “Por la Democracia y la Reconstrucción Nacional”, el jueves 16 de diciembre de 1982. Ambos relatos de tu autoría están en mi libro “Quemá esas cartas. Rompé esas fotos. Montoneros 1970-2020”  editado por “jironesdemivida”.  Descansá en paz, querido amigo y compañero, aquella deuda está saldada con creces.