militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MARIANI, Daniel Enrique.

Nacido en Mendoza el 11 de enero de 1948. Daniel Enrique Mariani, esposo de Diana Esmeralda Teruggi, -caída resistiendo a la dictadura militar (24-11-76)-, fue asesinado el 1° de agosto de 1977 en una calle de La Plata, a tiros y a patadas. Ambos jóvenes eran militantes montoneros y los represores le robaron una hijita, Clara Anahí, nacida el 12 de agosto de 1976. La mamá de Daniel, María Isabel Chorobik de Mariani, fundadora luego de Abuelas de Plaza de Mayo, rememora los encuentros clandestinos con su hijo en una ciudad de La Plata ocupada por los militares. “En la siesta de los domingos, seguíamos andando con ‘Podsky’ –así lo llamaba con cariño maternal-, casi siempre por calles alejadas de las afueras de La Plata. A veces íbamos por lugares de mucho barro. Entonces él me enseñó a caminar por el barro sin que se me quedara en los zapatos; debía apoyar bien el pie con el talón... Y él andaba casi a  ciegas, porque se había cambiado los grandes anteojos por lentes de contacto y como le molestaban terminaba sacándoselos... Me gustaba tanto encontrarme con él, le llevaba chocolatines, dinero que no quería aceptar, alguna vez le llevé un postrecito, otra vez un piloto (un perramus de mi marido, porque andaba sin ropa)”. Daniel Enrique Mariani probó ser hasta la muerte un militante de fierro, optó por la entrega y el sacrificio, dejando de lado un futuro promisorio esbozado ya en 1972, cuando por ser un alumno brillante, la Unesco lo contrató para trabajar en Chile. Al principio su madre no entendía, porque lógicamente quería lo mejor para su hijo. Rememora: “Yo no sabía porqué insistían (con su mujer) en hablarme de temas que a mí me resbalaban... Siempre fui naturalmente antiperonista y ahora me encontraba discutiendo si Perón era ó no revolucionario... Además, no me interesaba la política. Si hasta voté a Manrique porque estaba con los jubilados. Sin embargo, ellos me fueron concientizando y también la realidad exterior. Empezaron a matar a mis alumnos, lo leía en el diario y lloraba en aquella gran cocina de mi casa... ‘Si te hicieran algo a vos, yo los mato’ le decía a Podsky. ‘No, mamá, nunca tenés que odiar’, me dijo él”.