militantes del peronismo revolucionario uno por uno

ZANETTA, Rolando.

Nació en La Plata un 29 de noviembre de 1919 en una cuna de inmigrantes progresistas y patricios conservadores. Mercedes Echetverry Febrer vasca patricia bonaerense fue “raptada” por su galán Luis Zanetta, hijo de inmigrantes anarquistas italianos. De los cinco hijos de la pareja, Rolando fue el benjamín. Resistente peronista. 35 años. En una imprenta de su propiedad (en 8 y 47) se editaban volantes contra la dictadura de Aramburu y Rojas. Muerto por la represión en La Plata, provincia de Buenos Aires con motivo del fallido levantamiento del General Juan José Valle el 9 de junio de 1956. Lo que sigue, está tomado del diario peronista “Línea Dura” (4-6-58): “Ante la falta de noticias de la toma del Comando de la Segunda División, sito en la calle 53, sale Zanetta del Regimiento 7º en un taxi conducido por Coco M., acompañado por Fernando R., alrededor de las 2 de la madrugada. Deciden entrar por la calle 55, de 5 hacia 4, siendo recibido el vehículo por violentas descargas de ametralladoras pesadas, que alcanzan a Zanetta, hiriéndolo gravemente, destrozando el motor, perforando el vehículo e inmovilizándolo; salvándose providencialmente el conductor y el acompañante que iban en el asiento delantero, quienes se tiran al suelo del coche donde permanecen por espacio de 4 horas, dándoselos por muertos. Rolando baja en esos instantes ya herido y camina unos 20 metros, dando fuertes gritos de dolor y siendo nuevamente ametrallado hasta que lo vieron inanimado en el suelo, donde permaneció en tal situación hasta las 8 ó 9 de la mañana en que fuera recogido por una ambulancia; habiéndose impedido toda tentativa de ayuda y rescate con nuevas descargas de ametralladoras. Conducido al policlínico San Martín, fue objeto de toda clase de tentativas para comprometer a sus compañeros por especial pedido del Jefe de Policía, el siniestro Fernández Suárez, que personalmente permaneció junto al lecho de muerte de Rolando, imponiendo se le suministraran dosis de reactivos con ese fin, tratamiento que notoriamente lleva a la convicción que aceleran el proceso de gravedad de Rolando, pero sólo consigue arrancar una sonrisa de conmiseración para su torturador, asumiendo él solo, toda la responsabilidad de la conducción civil del movimiento, falleciendo finalmente pocas horas después, con la serenidad de quien sentía haber cumplido con Perón”. Aseguran que cuando Fernández Suárez le dijo “Te vamos a curar y el día 12 te vamos a fusilar”; él le contestó: “Que la oligarquía me fusile, es un premio para mí” lo que conforma toda una definición en su manera de ser y actuar. Su hijo que también se llama Rolando recuerda los fusilamientos del 56 y los 30.000 desaparecidos y asevera que: “Cuando una historia se repite dos veces es muy posible que ocurra tres. No hay ningún valor supremo de nación alguna que justifique el sacrificio de sus mejores hombres y mujeres. Cuando tengamos plena conciencia de que no se precisa de líderes sino de un claro proyecto revolucionario que conduzca el país, la patria dejará de observar impotente cómo las oscuras minorías dejan sacrificar la vida de nuestros mejores hombres para satisfacer sus intereses egoístas”.