Roberto
Baschetti

Chaves, Horacio Ireneo

Nació un 1º de abril de 1908. Padre de Gonzalo Leonidas Chaves. Suboficial Mayor del Ejército Argentino. Viejo militante peronista de La Plata. Participó del levantamiento fallido del general Juan José Valle en junio de 1956 y consiguió escapar a una segura muerte luego de la condena emitida en su contra por la dictadura de Rojas y Aramburu. El 6 de agosto de 1974, a la edad de 66 años y siendo secretario del Partido Justicialista de La Plata, fue secuestrado en su domicilio por la Triple A, junto a su hijo Rolando (hermano de Gonzalo, tenía 34 años, se ganaba la vida arreglando heladeras, no militaba, pero era peronista y los facciosos querían dar un escarmiento). Horas más tarde sus cuerpos aparecieron acribillados a balazos. El de Don Horacio, en particular, tenía volada la cabeza de un escopetazo y fue arrojado frente al local de la Juventud Peronista, en calle 12, entre 45 y 46, como una provocación más. El velatorio y entierro conmocionó a la ciudad de las diagonales. Horacio Ireneo Chaves era un hombre honesto e íntegro que nunca lucró ni se benefició con la política a nivel personal. Cinco meses antes de su muerte, denunció con nombres y apellidos en una nota en la revista “Militancia” a todos aquellos advenedizos de última hora al peronismo, que eran más peronistas que Perón y acusaban de “infiltrados” y “rojos” a los jóvenes que lucharon a brazo partido, hasta dejar la propia vida, por el regreso del Líder. Su escrito llevaba por título: “Luchamos para levantar las tres banderas, no para ensuciarlas”; toda una premonición, sin lugar a dudas. Desde octubre de 2012, el nombre de este Hombre con mayúsculas, está con letras de molde en la Avenida 53, entre 20 y 23 de La Plata, una arteria que cruza el barrio en el que vivía y que choca con la plaza donde se levantaba el Regimiento 7. El homenaje es la ejecución de la ordenanza municipal Nº 10.129, aprobada el 16 de agosto de 2006, para la memoria de Horacio Ireneo Chaves, compañero que estuvo en total cuatro años y medio preso por peronista en diversos períodos dictatoriales (Plan Conintes, entre otros) siempre purgando por sus ideales y en defensa del pueblo peronista. Gonzalo, su hijo, militante de Juventud Peronista, Juventud Trabajadora Peronista y Montoneros, recuerda emotivamente: “Mi viejo era un hombre que, cuando estuvo en la milicia, tenía muy buena relación con los soldados y sus familias. Después, en el barrio, él ayudó a todo el mundo. Y era una referencia política por su trayectoria, su conducta, que en los setenta eso se puso muy en evidencia. En el año ’78, yo estaba viviendo en clandestinidad en la casa de un compañero en el conurbano y vine a La Plata. Yo no pisaba nunca esa ciudad porque me conocía todo el mundo, pero esa vez vine por una necesidad extrema. Al día siguiente me levanté muy temprano y salí cuando estaba amaneciendo, y cuando iba cruzando una plaza, un tipo me gritó: ‘¡Viva el Viejo Chaves, carajo!’. Nunca vi un homenaje más fuerte que ese, que en plena dictadura militar le hizo un trabajador del municipio que estaba haciendo arreglos en la plaza”.