Roberto
Baschetti

Elías, Nilda Noemí

“Japonesita” en su barrio. “Petisa” para sus conocidos. Nació el 16 de enero de 1947. Tuvo 3 hijos: Luis Marcelo, Valeria Mariana y Nicolás Ernesto. Docente en la escuela parroquial. Desde allí ejerció su trabajo social; lucha por el loteo, vivienda, trabajo, dignidad de vida. Esos eran los objetivos a concretar. Militante de Juventud Peronista y las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). El 11 de abril de 1977, un grupo de las “fuerzas de seguridad” intenta secuestrar con vida a la viuda de Luis Ismael Silva (ver su registro). Se trata de Nilda Noemí Elías. Ambos eran referentes del Movimiento Villero Peronista (MVP) de Santa Fe y militantes montoneros. Al verlos llegar a su casa del Pasaje Liniers 4538, barrio Santa Rosa de Lima, ciudad de Santa Fe, de civil, armados y en patota, Nilda los enfrenta y es muerta por sus agresores. Tenía 30 años. Para ella como para tantas otras mujeres y compañeras de agallas, podrían repetirse las estrofas de esa hermosa canción que dice: “Mi tumba no anden buscando, porque no la encontrarán, mis manos son las que van en otras manos tirando. Mi voz la que va gritando, mi sueño el que sigue entero, y sepan que sólo muero, si ustedes van aflojando. ¡Porque el que murió peleando vive en cada compañero! ¡Ah, me olvidaba…! Ese Pasaje Liniers ya no se llama más así. Los habitantes del barrio lo rebautizaron con los nombres de “Pasaje Luis y Nilda Silva” en homenaje a estos dos compañeros, que dieron la vida por la liberación nacional y social de nuestra Patria. Hay más; Osvaldo Silva rememora: “`’Quiero enseñar catecismo me dijo’. El pedido fue corto, seguro, sin rodeos. La miré. Tenía 16 o 17 años. La recuerdo menudita, más bien baja, bien proporcionada, con ojos oscuros e inteligentes, rostro en triángulo, con una sonrisa entre simpática y picaresca. ¿Podrás entenderte con los chicos?, le pregunté. ‘En un año me recibo de maestra’ me contestó. Quedé sorprendido. En el barrio Santa Rosa (Santa Rosa de Lima, barrio sabalero, reducto de la afición futbolística de Colón de Santa Fe) del año ’66, era casi imposible encontrar a un joven cursando el secundario y de pronto me encuentro con alguien que está por recibirse de maestra. ‘Aquí hay voluntad, firmeza y determinación’ pensé. Se integró al grupo juvenil y allí afloró su pasión por el trabajo social. No era de aquellas personas que anhelan abandonar el barrio en post de una promoción individual. Su voluntad era promocionarse con la gente del barrio, comunitariamente. Se entendía por promoción, el ascenso humano a través de la educación y la lucha por la vida digna. Esto es importante para entender el compromiso de Nilda. Por eso fue maestra en la escuela parroquial y dirigente vecinalista, en la vecinal que ayudó a fundar, la ’12 de Octubre’. Eligió ser maestra en los grados radiales de la escuela, en la zona más desamparada del barrio. Yo diría, una zona marginada, dentro de un barrio marginado. Allí junto con Luis ejerció su trabajo social. Lucha por el loteo, vivienda, trabajo, dignidad de vida. Esos eran los objetivos”. Con respecto al momento de su muerte, agrega: “Dos autos con vidrios polarizados entraron al barrio. Era de noche. Bajaron hombres con armas en las manos, rodearon la casa y se parapetaron detrás de los árboles. ¡Tanto aparato, tanta cobardía para acorralar a aquella joven que diez años antes me había dicho ‘quiero enseñar catecismo’! Nilda no huyó, no suplicó, no pidió clemencia. Simplemente enfrentó el momento supremo de toda vida humana con la convicción y certeza de lo vivido. Atravesó la puerta de calle, y allí, delante de sus tres hijos, la fusilaron”. El cadáver de Nilda fue llevado a la morgue del hospital Iturraspe y fue devuelto a sus familiares por una gestión de Monseñor Vicente Zaspe. En la foto que ilustra esta reseña está Nilda con Luis Silva. En el año 2018, Germán Ulrich publicó un libro sobre la madre de Nilda que lleva el nombre de aquella: “Otilia. Crónicas de dolor, rebeldía y lucha”. Y con anterioridad, Raúl Beceyro, luego del exilio de una década en Francia, ya de vuelta en Argentina, confeccionó el cortometraje “La casa de al lado”, una ficción que hace mención a lo sucedido en aquel barrio. La ya mencionada hija de Nilda, de nombre Valeria Mariana, que perdió a su papá a los cuatro años, es militante de la agrupación HIJOS y se reconoce clasista: “Los peronistas me dicen troska y los troskos me tildan de peronista” y se ríe con ganas.