Roberto
Baschetti

Ford, Alejandro Efraín

“El Negro”. Nació el 1º de marzo de 1957 en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. Estudiante de 4º año en la Escuela Superior de Bellas Artes de La Plata. Comenzó su militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), rama estudiantil montonera hasta principios de 1975, para luego pasar a militar en el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) afín al trotskismo, donde lo sorprendió la muerte. En efecto, el 11 de mayo de 1977, fue secuestrado-desaparecido de su hogar de calle 3 Nº 1046, Dto. 2 entre 520 bis y 521, ciudad de Tolosa, La Plata, provincia de Buenos Aires, conjuntamente con su esposa (Mónica Edith de Olaso. Bachiller en Ciencias Biológicas) embarazada de dos meses. A 37 años de sus secuestros, los restos de ambos fueron recuperados e inhumados luego de determinarse que estaban enterrados como N.N. en el cementerio de Ezpeleta, Quilmes, provincia de Buenos Aires. Alejandro E. Ford, proletarizado, al momento de su asesinato trabajaba en la destilería de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y fue visto con vida en el CCD “La Cacha” antes de su muerte. Martín Barrios militó en la Juventud Guevarista y en Bellas Artes conoció y forjó una sólida amistad con Alejandro Ford. Recuerda: “La tradición de La Plata era que los hijos de los ricos iban al Colegio Nacional, los hijos de los laburantes iban al Industrial y a Bellas Artes iban los putos y los drogadictos (se ríe); en aquella época se jodía con eso (…) Teníamos una actividad política muy fuerte, y se nos mezclaba la cosa de que por un lado queríamos andar con un chumbo y por otro lado había compañeros que coleccionaban autitos. Esa es la verdad, ibas a cagarte a piedrazos con la policía y cuando volvías a tu casa tu vieja te cagaba a pedos porque no fuiste a tomar la leche (…) El Negro Ford era un referente político fuerte dentro del Bachillerato y además era muy querible (…) Yo te voy a decir algo que seguramente te va a sonar a clisé pero que era así, para nosotros la vida era una fiesta porque ibamos a cambiar el mundo. Había un contexto social que te invitaba a eso, todo era agitación. Como estudiante te sentías partícipe y con ganas de dar vuelta la cosa. Además, eso pasaba con una alegría bastante rara. Yo nunca más volví a ver pibes con esa alegría y ese empuje, en ningún lugar del mundo, salvo en Managua o Cuba, pero porque allí había triunfado la revolución”. Por su parte, Emilce Moler, ex integrante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y sobreviviente de “La Noche de los Lápices” cuenta que ella empezó a militar por obra del Negro Ford, cuando en un pasillo de Bellas Artes le dijo: “Lo que vos hacés en la Iglesia no sirve, es caridad de señoras cómodas. Con la política podés cambiar la realidad para que no haya más pobres. No tiene por qué haber pobres” y Emilce cuenta que así “pasé de mi fervor cristiano a mi fervor militante”, de una.