Roberto
Baschetti

Fortunato, María Beatriz

“Bechi”. En un principio vivía con su madre con la que no tenía buena relación, siendo su abuela quien más la había marcado en su vida ya que aseguraba que ésta producía sanaciones a los enfermos con sus manos. Bechi fue una de las primeras mujeres integradas a la lucha de la Resistencia Peronista luego de la caída de Perón en 1955. Formaba parte del mítico grupo que luego conformaría la J.P. y que se reunía en Corrientes y Esmeralda para enfrentar en la calle a los comandos civiles de la “Libertadora”. La primera vez que llegó allí se presentó a los muchachos, como integrante del Comando Alianza de la Juventud, un sector de la Alianza Libertadora Nacionalista. Nadie podía imaginar que esa mujer de baja estatura, pelo corto y cara de muñeca era la misma que transportaba explosivos o escondía detonadores en su corpiño. Cuando la noche del viernes 25 de marzo de 1960, sus compañeros de Juventud Peronista protagonizaron la primera acción de guerrilla urbana en Argentina tomando un puesto de guardia aeronáutico en Ciudad Evita, estuvo a cargo de Fortunato confeccionar los brazaletes rojos y negros que ellos colocaron en uno de sus brazos y que ostentaban la sigla EPLN (Ejército Peronista de Liberación Nacional). Más tarde, al editarse la revista artesanal que presentaba el punto de vista de estos jóvenes y que se denominaba “Trinchera”, Bechi fue su primer director/a. Cuando Jorge Rulli (otro integrante de aquel grupo de leyenda) cayó detenido y fue encarcelado, ella lo fue a visitar asiduamente como un acto más de solidaridad política con el perseguido. Pero esa férrea convicción dio paso al amor y cuando Rulli recobró su libertad se fueron a vivir juntos a una pieza pequeña y oscura de una pensión de Avellaneda. Se comprometieron un 17 de octubre de 1963 y se casaron antes de que finalizara dicho año. Para sobrevivir comenzaron a hacer encuestas para empresas privadas. Tuvieron una niña de nombre María Eva que nació el 1º de diciembre de 1966. Pero la pobreza seguía acechando y debieron mudarse a un departamento muy reducido, de un ambiente, donde la cama de dos plazas en que dormían apenas dejaba lugar para la cuna de la beba; la cocina y el baño lo compartían con el resto del edificio. Lamentablemente la salud de Bechi no era de lo mejor. Debido al deterioro de su sistema nervioso –producto de su militancia y su vida personal- debió soportar un par de afasias que repercutieron muy desfavorablemente en el resto de su cuerpo. Fue internada en una clínica psiquiátrica con desvaríos y delirios. Un brote esquizofrénico tomó forma. Nunca se repondría de esa terrible enfermedad, que se fue agravando con el paso del tiempo. Falleció en otra clínica psiquiátrica en el verano de 1989. La hija que tuvo con Rulli perdió la vida un año antes debido a una sobredosis de heroína.