Roberto
Baschetti

Francia, Claudio Tomás Adiego

Mítico combatiente de la Resistencia Peronista. Nadie sabía donde vivía y si lo hacía en soledad o tenía una familia. Una vez que actuaba, con la misma facilidad que aparecía, desaparecía. Esto señala que extremaba los recursos para no se detectado por las fuerzas represoras. Luego de 1955, fue jefe de los exiliados combativos en Bolivia y según los servicios de inteligencia militares argentinos precursor de la guerrilla en nuestro país, por lo que era intensamente buscado. Experto en explosivos. Florencio Monzón (h) en su libro “El peronismo del silencio”, lo recuerda de este modo: “El Flaco Francia –como le decían sus compañeros- debe ser rescatado por su valentía, por su intransigencia y su conducta personal impecable para con los compañeros, con Perón y con Cooke. El tipo más leal que uno puede imaginar. Pero en la casa de (César) Marcos hubo un episodio tragicómico. Como en todos lados el Flaco Francia andaba yirando sin un peso. Sin trabajo y sin un peso. Pero tenía donde acumular explosivos y detonantes. La esposa de Marcos un día le dijo a César por qué no le permitía parar un tiempo en su propio departamento de la calle Azcuénaga 71. Donde había una habitación de servicio y un baño de servicio al lado de la cocina. Se pusieron de acuerdo y lo invitaron, sin embargo, un día tuvieron un disgusto de proporciones. Francia había estado en la cocina de la casa de Marcos haciendo sus menjunjes. Pólvora, trotyl, detonante, azufre. Todos los elementos que eran bastante comunes para los peronistas activistas que tenían la obsesión de poner bombas. Un día se equivocó Francia y estalló una gran llamarada que no llegó a tomar fuego. No llegó a haber un incendio ni una explosión que requiriese participación de las autoridades. Todo fue muy discreto, pero Marcos dijo: no, esto no puede seguir así. Entonces habló con la gente de Mataderos. El Flaco Francia pertenecía informalmente al grupo de la Alianza Libertadora Nacionalista de Mataderos, rebeldes a (Patricio) Kelly y les pidió, él mismo, Marcos, sáquenle todos los materiales y retírenlos del alcance de él. Claudio Francia se llevó uno de los disgustos más grandes de su vida. Protestó. Le contestaron: Flaco usted se pasó ¿cómo puede ser que prepare explosivos en la cocina de César? Y se fue entonces ofendido e indignado. Y terminó así abruptamente la estadía de Claudio Francia como huésped de la casa de Marcos en Azcuénaga 71. Qué cabecita loca lo llevaría a pensar, por ejemplo, que había que colocar una bomba en el Cabildo (…) pero cada vez que hubo que jugarse el pellejo, el Movimiento acudió a él y lo encontró”. Desilusionado en parte con la política pendular de Perón, el Flaco emigró al Ecuador donde entrenó guerrillas pro cubanas de ese país. El pasaje de una carta que le envía a Perón desde La Paz, Bolivia, fechada el 1° de marzo de 1961 es sintomática al respecto: “Un movimiento revolucionario debe renovarse constantemente y debe tener absoluta sensibilidad histórica para no perder el rumbo. Abata los prejuicios, las sensiblerías y los reflejos condicionados. Accione sin vacilar, decididamente, el pueblo estará con Ud. y lo habrá reivindicado para la historia. Póngase la mano sobre el corazón y piense en todas las lágrimas y sangre que el pueblo argentino ha derramado por Ud. Déjese de raras alquimias políticas, que no conducen a nada bueno. Piense en el sufrimiento y en las luchas generosas de quienes aún creen en Ud. y lo consideran la única y verdadera bandera de la Patria”.