Roberto
Baschetti

Gullo, Juan Carlos Dante

“Canca” para todo el mundo que lo conocía y lo quería. Nació el 8 de junio de 1947, era geminiano, como yo. Tuvo tres hermanos varones. Su padre era sastre y él fue cadete en la sastrería paterna y luego vendió fuentones, baldes y palanganas de plástico por todo el Gran Buenos Aires. También todos los 24 y 31 de diciembre vendía con su hermano de jovencitos, en un puesto callejero armado de ocasión, cohetes, rompeportones y cañitas voladoras; siempre dijo que con lo que ganaba en esas jornadas, tiraba después, durante todo el verano. Trabajó en una frutería y verdulería también con su padre. Los Gullo vivían en su casa de Cachimayo 1940, Bajo Flores. Siempre vivieron allí. Y allí se hizo la fiesta de casamiento cuando Dante se casó con Graciela “Chela” Ojeda; los casó el cura Héctor Botán y se cantó a capella “La Marcha Peronista” entre todos los asistentes a la boda. Él, de jovencito en ese barrio, se sumó al peronismo proscripto desde 1955, en donde estaba prohibida toda actividad política de las mayorías. En los bares de la zona, como dije del Bajo Flores, los obreros de la fábrica de cocinas “Volcán” planeaban el retorno de Perón junto a los jóvenes de la JP del barrio, como en otros tantos lugares a lo largo y a lo ancho del país. Tuvo mucho que ver con ello, la actividad barrial y territorial de su madre, la calabresa, Ángela María Aieta de Gullo –ama de casa-. Inclusive será ella la que, asentada en el país la última dictadura cívico-militar que padecimos, igual siguió combatiéndola a como diera lugar. Así fue que organizó a las demás madres de presos políticos peronistas (Muchas de ellas luego, Madres de Plaza de Mayo) para que lucharan por mejorar las condiciones de encarcelamiento de sus seres queridos, exigir la libertad de los mismos y entrar y sacar información sensible para los prisioneros entre sus ropas. Tanta osadía y rebelión la pagó con su propia vida: ella fue secuestrada-desaparecida en agosto de 1976 por la Marina de Guerra y arrojada al mar. Igual desgracia le ocurrió al hermano del “Canca”, Salvador Jorge Gullo (ver su registro) joven peronista que volvió a la patria para la contraofensiva de Montoneros en Argentina y también fue “chupado” y desaparecido el 26-4-79. Luego de la muerte de Juan D. Perón, “Canca”, fue encarcelado por el gobierno títere de Isabel Martínez cuando no solo era un cuadro importante de Juventud Peronista (secretario general de esa juventud) sino también de Montoneros. Estuvo detenido durante ocho años y ocho meses, pasando por las cárceles de La Plata, Sierra Chica y Rawson. Fue liberado el 18 de octubre de 1983. Dijo públicamente: “Me siento más peronista aún que antes de ir preso” (La Voz. 19-10-83). Volvió al barrio y en la solidaridad de la gente comenzó a dejar atrás la pesadilla. Cuentan que cada vez que estaba en un almacén, quiosco o café, y preguntaba cuanto debía, la respuesta era siempre la misma: “No es nada Dante, vaya nomás”. Códigos imprescriptibles que le dicen. Volvió a la política con la democracia. Fue parte de lo que se conoció como la “Renovación Peronista” en Capital Federal. Egresó como sociólogo en 1997, pero se dedicó con éxito a la publicidad de carteles en la vía pública. En el año 2000 fue creador del Partido Popular Nuevo Milenio que presidió, presentándose a elecciones al año siguiente conjuntamente con el ARI de una Elisa Carrió por entonces progresista y hasta algo revolucionaria. En octubre de 2007, en tanto Cristina Fernández de Kirchner era electa por primera vez presidenta, Gullo alcanzaba una banca de diputado nacional por su partido, el Frente para la Victoria; allí estuvo cuatro años. No renovó su escaño, pero formó parte de la lista de legisladores porteños que encabezaba Daniel Filmus; electo, estuvo en la Legislatura por otros cuatro años, hasta el 2015, siendo vicepresidente segundo del cuerpo. Supo decir (Crítica 9-11-2008), “En el plano sentimental soy travieso” como admitiendo la atracción que ejercía en él, el sexo opuesto, pero también tenían claro que en ese peronismo que mamó de chico, había, hay, dos mujeres inigualables: “El peronismo nos dio a Evita, que hoy es un patrimonio histórico y cultural de la humanidad y una presidenta de la talla de Cristina: después de haber dicho la vida por Perón, hoy digo la vida por Cristina” (Espacio Abierto Peronista N° 12. Septiembre 2010). Sensible a las artes, Juan Carlos Dante Gullo se dio tiempo para llevar adelante con éxito un emprendimiento cultural: librería, bar, restaurant y lugar de exposiciones que llamó “Los Octubres”, ubicado en el barrio porteño de Palermo. Un hermoso vitraux (“Octubre el eterno retorno” del artista Héctor Chianetta) realizado a todo color con las estaciones épicas del peronismo, adornaba el sitio, visitado por compañeros y turistas por igual. Su amiga y jefa de prensa. María Fernanda Teves estaba en todos los detalles de los eventos que se desarrollaban día a día. Lamentablemente el lugar tuvo que cerrar en 2018, envuelto en la crisis económica a que nos llevó el macrismo. Mi amigo, el “Canca” Gullo, inquieto como siempre ya estaba buscando alternativas para llevar adelante. Se había entusiasmado con armar un vivero de plantas. Imprevistamente falleció a la edad de 71 años, el 3 de mayo de 2019. Así, de un día para el otro. Fue velado en el salón Blanco del Congreso Nacional, donde en la mañana de un sábado algo desapacible, centenares de compañeros de militancia se reunieron para darle el último adiós. Cajón cerrado con una bandera argentina cubriéndolo, una reliquia en forma de brazalete de la J.P. arriba del mismo y una foto suya, al lado del General Perón. Se fue como él quería, seguramente, con todos los presentes cantando La Marcha Peronista y agregando a la misma las estrofas montoneras de los ’70. Esa manera porteña de hablar, expresarse, actuar y convencer, ese ADN suyo, que lo acompañó toda su vida, además de ser solidario, buen tipo y mejor amigo, esa impronta barrial en el orillo de la tela de su vida, nunca nos abandonará. El amigo y compañero rosarino Esteban Langhi me hizo llegar un hermoso poema dedicado a Juan Carlos Dante Gullo, que termina con estas estrofas: “chau querido Canca ya estarás a los abrazos con el Viejo y con Evita mostrando las credenciales: de tu sonrisa, tu palabra peronista, tu mirada repleta de Victoria”.