Roberto
Baschetti

Hagelin, Dagmar Ingrid

“Patricia”. “Mónica”. “Suequita”. Tenía la doble nacionalidad argentina-sueca. Nació en Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1959. 17 años. Pasó por la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento” de Capital Federal. Militó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Secuestrada-desaparecida en Sargento Cabral 317, El Palomar, provincia de Buenos Aires el 27 de enero de 1977, después de que el represor, oficial de Marina, Alfredo Astiz, la hiriera de un balazo, cuando Dagmar trató de escapar a una encerrona que le habían armado. Había ido a la casa de Norma Burgos, militante montonera secuestrada el día anterior, a quien le había fallecido una beba de nombre Victoria Eva, el 29 de diciembre de 1976. Hagelin fue vista con vida en el CCD ESMA antes de su asesinato. La misma Norma Burgos la vió “acostada en una camilla, mostrando una herida un poco más arriba del arco superciliar izquierdo y un derrame rojizo bajo sus ojos” y que por comentarios de dos oficiales supo que a Dagmar Hagelin “un disparo le había producido una lesión a consecuencia de la cual padecía una disritmia y parálisis de las piernas con incontinencia de orina”. De nada sirvió la presión del gobierno sueco y de su padre para tratar de recuperarla con vida. El crimen de Dagmar Hagelin es retomado por Jorge Camarasa en su último libro “El verdugo Astiz, un soldado del terrorismo de Estado” editado en 2009. En dicho texto, el autor afirma en base a testimonios de ex militantes montoneros que Dagmar estaba integrada como aspirante a la célula de la Columna Oeste de la Organización donde revistaba Burgos. Allí tenía una situación periférica ya que no participaba en acciones militares, pero colaboraba con la estructura y participaba en acciones sociales en barrios marginales y carenciados de Villa Insuperable, La Tablada y Tapiales, todos en el partido de La Matanza. Ratificando esta línea de investigación se da el testimonio de Oscar Arquez, “Hormiga”, cuando asegura que: “El 24 de marzo del ’76, yo tenía una cita con un compañero acá en Morón, a la noche. Yo venía con un bolso y en el bolso traía un par de ‘fierros’, o sea que tenía varias armas, y el compañero tenía que venir a recoger el bolso para llevárselo, pero el compañero no viene a la cita y yo me encuentro en Morón con el bolso, sin tener donde ir y me voy a la casa de otro compañero que vive en San Martín, Villa Bosch, cerca del Camino de Cintura, Avenida Márquez y Santos Vega. Me tomo la Costera, llegó allá, bajo, empiezo a caminar y veo un camión de milicos que pasa, justo el mismo día del golpe. Pasa el camión de milicos y yo pienso que estos por ahí vuelven, me paran… así que justo encuentro una parecita y vacié el bolso atrás de esa pared, adentro de una casa, y seguí caminando con el bolso vacío, con un par de ropas sucias que llevaba en el bolso, ropa mía de trabajo. El camión pega la vuelta a la manzana, viene y me encara: ‘Documentos. ¿Qué está haciendo?’. Respondo: ‘Lo que pasa es que vengo a ver a una piba que me la enganché ayer y tenía que encontrarla en una placita que hay aquí nomás’. Le hago todo el chamuyo y me dejan seguir. Cuando llego a la casa del compañero resulta que está allí Hagelin, la compañera sueca que nosotros llamábamos ‘Mónica’. Entonces le digo a ella lo que me pasó y volvemos los dos juntos adonde yo había dejado los ‘fierros’. Nos paramos en la casa donde los había dejado y pasa de vuelta el camión con los milicos y tuvimos que empezar a ‘apretar’ para disimular. Cuando pasan los milicos medio que quisieron parar, pero cuando vieron que era de vuelta yo, dijeron ‘No, vámosnos’ y se las tomaron. Con ‘Monica’ nos quedamos un rato ahí. Después levantamos todo y pudimos recuperar las cosas. Eso también era importantísimo: no llegar a perder nada. Todos los materiales que teníamos eran muy importantes para nosotros”. Cabe acotar que, en la ciudad de Villa Mercedes, San Luis por ordenanza Nº 1362-o, del 20 de agosto de 2002, hay una calle con su nombre. Así mismo, en plena pandemia, el 30 de mayo de 2020, hubo un homenaje a su memoria durante el recorrido (virtual) del Museo de la ESMA del cual participaron su hermano Jonathan Hagelin y el embajador sueco en ésta, Anders Carlsson.