Roberto
Baschetti

Orrego Meza, Vicenta

26 años. Todos en el Barrio IAPI de Temperley la conocían como “Chela”. Paraguaya como su marido Julio Ramírez, hacían gala de un guaraní cerrado al hablar que era a veces incomprensible para muchos. Sacrificados, levantaron una vivienda; muy trabajadores, abrieron luego un almacén. Poco a poco se fueron interesando en las cuestiones sociales del barrio y “Chela” terminó colaborando con los pibes de la Juventud Peronista de la zona y en Montoneros. Fue, una aguerrida combatiente más de la organización. El 14 de marzo de 1977, fue asesinada por uniformados, junto a su compañera de militancia María Florencia Ruival (ver su registro), cuando las sacaron de la casa sita en Nother y Santa Cruz, Rafael Calzada, partido de Almirante Brown, lugar donde habitaban. También asesinaron a una tercera persona, otro militante, José Luis Alvarenga (ver su registro). La versión aparecida en el libro “La osadía de construir poder popular”, escrito por la investigadora Patricia Rodríguez Heidecker, dice que los tres fueron asesinados en el lugar y dicha versión se corresponde con el testimonio de una de sus hijas, María Ramírez, presente cuando ocurrieron los hechos, y que se vuelca en el libro de Noemí Ciollaro, “Hijos del Sur”. Ella allí dice: “En la madrugada del 14 de marzo de 1977 tuvimos el último abrazo de mi madre cuando estábamos rodeados de militares y las balas entraban por todas partes. Era terrorífico el operativo, los balazos no terminaban nunca. Yo tenía 4 años, Carlos 5 y Mariano 2. Allí fusilaron a mi mamá y a dos compañeros más. Antes de hacernos saltar por la ventana de atrás nos abrazó fuerte y largo. No era un abrazo común. Era un abrazo de despedida. Recuerdo sus últimas palabras, ‘María, te quiero’, igual que a mis dos hermanos. Y también la promesa que le hicimos de cuidarnos unos a otros. Después caímos en las manos de la Jueza Marta Pons, de Lomas de Zamora, que nos hizo desaparecer como NN”. Si alguien quiere saber por todas las vejaciones y maltratos que tuvieron que pasar estos niños hasta poder reencontrarse con su padre Julio Ramírez (luego de 30 años de separación), por parte de seres humanos que se decían “occidentales y cristianos”, debe leer el libro de Noemí Ciollaro antes citado. Pero a María todo lo sufrido no la cambió y tiene muy en claro las cosas: “Mi mamá es una heroína como muchos compañeros de aquellos años. Yo estoy orgullosa y comparto con mis padres la lucha por ser libre y estar en contra de toda injusticia”. El 14 de marzo de 2013 en la intersección de calles antes citadas, en Rafael Calzada fue colocada una baldosa en homenaje a los tres compañeros, asesinados por la dictadura cívico-militar que asoló nuestra Patria. En el acto estuvieron presentes los 3 hijos de Vicenta Orrego Meza y su marido.