Toledo, José

Rosario. Villa Manuelita. Septiembre de 1955. Nos cuenta el “Negro” Ojeda: “Mi esposa, María de las Mercedes Toledo, ya fallecida, tenía un hermano llamado José, obrero del gremio de la Carne. Aquella noche había tomado un par de copas de más, venía caminando por Uriburu hacia Ayacucho, donde estaba la vieja estación ferroviaria La Bajada. Unos pocos metros más y llegó a las vías muertas del ferrocarril, sin darse cuenta que la estación estaba ocupada. ¡Viva Perón! Les gritó. ¡Cállese! Le respondieron. ¡Viva Perón! Volvió a gritar. Varios balazos lo silenciaron. José Toledo vivía en Gutiérrez y Colón con sus padres, llegó a su casa y se tiró sobre la cama de sus padres. Alarmada, María de las Mercedes fue hasta allí y se puso a gritar. Su madre y sus hermanas lloraban. Un vecino aportó un auto y lo llevaron al Hospital Roque Sáenz Peña. Ahí el doctor Filibert lo sometió a una operación de urgencia. Tenía ocho perforaciones en los intestinos. La pericia del médico le salvó circunstancialmente la vida. Sin embargo, padeció las secuelas el resto de su vida, que por cierto fue breve”.